Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido... así podría empezar esta historia, mi historia. Una vida llena de altibajos, que a base de encontrarse piedras en el camino, algunas de ellas difíciles de esquivar, han ido haciéndome cada vez más fuerte.
Muchas han sido las personas que han pasado por mi vida, pero muy pocas han dejado huella, y es que hay golpes que son difíciles de encajar. Hoy quería compartir con vosotr@s algunas de estas vivencias, como se sobrevive en “la otra cara del amor”.
Cuando crees que la vida te sonríe, cuando piensas que nada puede salirte mal, cuando te sientes invencible, aparece cupido con una de sus flechas directas al corazón que bien pueden llenar de alegría y felicidad tu vida, pero que a veces resultan estar envenenadas. Cuando una de esas flechas te alcanza, es cuando tu mundo, que hasta entonces era perfecto, se paraliza y empiezas a preguntarte cosas, a plantearte que hacer con tu vida, y poco a poco te das cuenta que tu vida, aquélla vida perfecta, empieza a girar alrededor de esa persona que irrumpió en tu vida como un huracán, arrastrándote inevitablemente consigo. Intentas no pensar, no sentir, quieres convencerte de que no es real, que es algo pasajero, pero es inútil, porque ya sólo tienes ojos para ella.
Al principio vives en un mundo fantasioso, como en una burbuja, eres feliz y no te importa nada más. Piensas que no necesitas más que su amistad para ser feliz, pero con el paso del tiempo ese cosquilleo que sentías en el estómago cada vez que la veías, cada vez que la escuchabas, cada vez que notabas su presencia... esa sensación a la que no querías dar mayor importancia, va creciendo cada vez más hasta hacerse incontenible. Tienes la necesidad de decírselo, de abrirle tu corazón. Pero en ese momento el miedo se apodera de ti y no te atreves porque temes ser rechazado. En ese momento es cuando empieza a desaparecer la burbuja en la que vivías y pasas de sentirte invencible a notar tu alma desnuda, indefensa y vulnerable.
Un buen día, cansado de esperar, harto de mantener al alma prisionera, reúnes el valor necesario para decirle lo que llevas guardando tanto tiempo. Es el gran día, estás nervioso, tembloroso, te falta el aliento, eres consciente de lo que esta en juego, después de ese día no volverás a ser el mismo, tu vida no volverá a ser la misma, es el todo por el todo. Sientes que el mundo se detiene por un instante, solo existís los dos, dos almas destinadas a estar juntas. Se hace el silencio, un silencio eterno que te mata por dentro, esperando una respuesta, tu vida esta en sus manos, ese corazón que antes era impenetrable, pendía de un hilo muy fino que solo ella podía cortar. Por fin ella rompe el silencio, y ves como con tres simples palabras tu mundo se derrumba como si de un ave al que le cortan sus preciadas alas en pleno vuelo se tratara.
Ella solo quiere tu amistad, aquella amistad con la que no hace tanto tiempo te conformabas, pero nada vuelve a ser lo mismo. Ahora mides cada palabra, ella es consciente del daño que te causa y toma distancia, se aleja, la pierdes. En esos momentos te sientes solo y abandonado, sin nadie con quien hablar, sin nadie en quien confiar. Sientes que se han llevado parte de tu alma y que nada volverá a ser igual.
Por suerte, pasa el tiempo y aparecen nuevas personas, nuevos intereses, aparecen los verdaderos amigos que te apoyan y no te dejan caer. Vuelves a nacer. A pesar de todo, guardo buenos recuerdos de aquélla época, de la que sólo queda una cicatriz de una herida que tardó mucho en curar, y la sensación de que en cualquier momento puede volver a abrirse. Esto me ha servido para aprender a ser más prudente, a no ilusionarme con tanta facilidad, pero sobretodo he aprendido que cuando quieres algo con todas tus fuerzas tienes que luchar por ello hasta el final. ¿Si volvería a hacerlo? Sin dudarlo ni un instante.
Esta es la historia de un chico normal, una historia que se repite en cada calle, en cada ciudad... la historia de personas a las que la sociedad se empeña en etiquetarlas de lo que no son... a veces pienso haber nacido en la época equivocada, que no he encontrado mi lugar, y es que hoy en día es muy difícil ser un chico normal.
Fdo.: Alberto