viernes, 24 de julio de 2009
Entre la espada y la pared
Durante estos tres últimos años he sido una persona feliz, había recuperado la sonrisa y el optimismo que perdí hace tiempo y los he llevado allá por donde pasaba, me he sentido en todo momento arropado por a quienes creía ser mis amigos y que por y para ellos vivía. En este último mes, el fallecimiento de una persona muy querida me hizo reflexionar, pararme por un instante a pensar que estaba haciendo con mi vida, que sentido tiene todo esto. Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que algo fallaba, de que quizás no estaba tan arropado como creía, que todo este tiempo había estado viviendo en una mentira, en una ilusión.
Por ello, y para no tomar decisiones precipitadas, decidí analizar fríamente todo lo vivido con cada una de estas ‘amistades’, una a una. La conclusión a la que llegue es que durante todo este tiempo yo he hecho todo lo que estaba en mi mano por estas personas, me he desvivido por todas y cada una de ellas, anteponiendo sus intereses a los míos. Les entregué mi alma. Lo hice así porque así lo sentía, y mi prioridad en esta vida era hacer todo lo posible para que esas personas estuvieran felices. Por su lado, me encontré con que ese sentimiento, que es al que yo llamo ‘amistad’, no era recíproco en la inmensa mayoría de los casos, especialmente en las mujeres. Personas que se han estado aprovechando de mí todo este tiempo y que mi buena intención y mi sentimiento incondicional hacia ellas me impedían darme cuenta de ello.
Me encuentro dolido, muy dolido. Siento impotencia, rabia, decepción, soledad... me siento estúpido, engañado y manipulado. La sensación que me queda es la de haber desperdiciado gran parte de mi vida, la de haber estado luchando por personas que no lucharán por mí,la de haber basado mi vida en algo que nunca tuvo sentido. ¿Cómo te sentirías si tu mayor principio se vieniera abajo?
Es el momento de cerrar esta etapa de mi vida, sacar conclusiones y aprender todo lo posible de ello. Me toca ahora escribir a mi la siguiente, y tengo la necesidad de poner a prueba a estas personas para decidir quien me acompañará en esta nueva etapa. Durante estos días he adoptado una actitud impropia de mí, más agresiva y desagradable, mostrando mi dolor al mundo, con el fin de observar que personas intentarán ayudarme, rescatarme de ese dolor, y hasta que punto lo harán. Han pasado escasamente dos semanas y ya estoy viendo como muchas de las personas, a las que he querido con locura, están dándome la espalda a las primeras de cambio. Hace no mucho me dijeron, a modo de consejo, que “necesito tiempo, espacio, para ver quienes siguen al pie del cañón y quienes, sin estar yo ahí detrás, está detrás mio o pasa de mi”. Yo no lo habría descrito mejor, pero los días pasan y ves como cada vez quedan menos personas con las que poder contar... mientras que el miedo a no saber como acabará esta historia y a quedarme completamente solo, se apodera de mí.
Nadie me obligó a actuar de la forma que lo hice, a querer y entregarme a esas personas. Sin embargo, llegados a esta situación, me planteo si merece la pena seguir actuando así, y lo primero que se me pasa por la cabeza es si la solución puede estar en cambiar mi forma de ser y, en consecuencia, perder aquello que me diferencia del resto. Pero soy consciente de que esa salida no sería más que un ‘parche’ y mi conciencia no está tranquila. Hace mucho me dijeron que el sentimiento, el pensamiento y la acción deben ir siempre en la misma dirección. Me siento dolido, pienso que tengo que hacer algo para saber quienes me quieren de verdad y no por interés, pero sinceramente, no se como actuar.
La herida se ha vuelto a abrir y no se cuanto tiempo necesitará para cicatrizar de nuevo, pero estas malas experiencias servirán para hacerme mucho mas fuerte de cara al futuro. Por suerte, todavía quedan personas en las que confiar. Desde aquí quería darte las gracias Javi por estar a mi lado en todo momento y demostrarme, como pocos hacen, que eres un verdadero amigo. Te estaré eternamente agradecido.
Fdo.: Alberto
sábado, 2 de mayo de 2009
¡Qué difícil es ser normal!
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido... así podría empezar esta historia, mi historia. Una vida llena de altibajos, que a base de encontrarse piedras en el camino, algunas de ellas difíciles de esquivar, han ido haciéndome cada vez más fuerte.
Muchas han sido las personas que han pasado por mi vida, pero muy pocas han dejado huella, y es que hay golpes que son difíciles de encajar. Hoy quería compartir con vosotr@s algunas de estas vivencias, como se sobrevive en “la otra cara del amor”.
Cuando crees que la vida te sonríe, cuando piensas que nada puede salirte mal, cuando te sientes invencible, aparece cupido con una de sus flechas directas al corazón que bien pueden llenar de alegría y felicidad tu vida, pero que a veces resultan estar envenenadas. Cuando una de esas flechas te alcanza, es cuando tu mundo, que hasta entonces era perfecto, se paraliza y empiezas a preguntarte cosas, a plantearte que hacer con tu vida, y poco a poco te das cuenta que tu vida, aquélla vida perfecta, empieza a girar alrededor de esa persona que irrumpió en tu vida como un huracán, arrastrándote inevitablemente consigo. Intentas no pensar, no sentir, quieres convencerte de que no es real, que es algo pasajero, pero es inútil, porque ya sólo tienes ojos para ella.
Al principio vives en un mundo fantasioso, como en una burbuja, eres feliz y no te importa nada más. Piensas que no necesitas más que su amistad para ser feliz, pero con el paso del tiempo ese cosquilleo que sentías en el estómago cada vez que la veías, cada vez que la escuchabas, cada vez que notabas su presencia... esa sensación a la que no querías dar mayor importancia, va creciendo cada vez más hasta hacerse incontenible. Tienes la necesidad de decírselo, de abrirle tu corazón. Pero en ese momento el miedo se apodera de ti y no te atreves porque temes ser rechazado. En ese momento es cuando empieza a desaparecer la burbuja en la que vivías y pasas de sentirte invencible a notar tu alma desnuda, indefensa y vulnerable.
Un buen día, cansado de esperar, harto de mantener al alma prisionera, reúnes el valor necesario para decirle lo que llevas guardando tanto tiempo. Es el gran día, estás nervioso, tembloroso, te falta el aliento, eres consciente de lo que esta en juego, después de ese día no volverás a ser el mismo, tu vida no volverá a ser la misma, es el todo por el todo. Sientes que el mundo se detiene por un instante, solo existís los dos, dos almas destinadas a estar juntas. Se hace el silencio, un silencio eterno que te mata por dentro, esperando una respuesta, tu vida esta en sus manos, ese corazón que antes era impenetrable, pendía de un hilo muy fino que solo ella podía cortar. Por fin ella rompe el silencio, y ves como con tres simples palabras tu mundo se derrumba como si de un ave al que le cortan sus preciadas alas en pleno vuelo se tratara.
Ella solo quiere tu amistad, aquella amistad con la que no hace tanto tiempo te conformabas, pero nada vuelve a ser lo mismo. Ahora mides cada palabra, ella es consciente del daño que te causa y toma distancia, se aleja, la pierdes. En esos momentos te sientes solo y abandonado, sin nadie con quien hablar, sin nadie en quien confiar. Sientes que se han llevado parte de tu alma y que nada volverá a ser igual.
Por suerte, pasa el tiempo y aparecen nuevas personas, nuevos intereses, aparecen los verdaderos amigos que te apoyan y no te dejan caer. Vuelves a nacer. A pesar de todo, guardo buenos recuerdos de aquélla época, de la que sólo queda una cicatriz de una herida que tardó mucho en curar, y la sensación de que en cualquier momento puede volver a abrirse. Esto me ha servido para aprender a ser más prudente, a no ilusionarme con tanta facilidad, pero sobretodo he aprendido que cuando quieres algo con todas tus fuerzas tienes que luchar por ello hasta el final. ¿Si volvería a hacerlo? Sin dudarlo ni un instante.
Esta es la historia de un chico normal, una historia que se repite en cada calle, en cada ciudad... la historia de personas a las que la sociedad se empeña en etiquetarlas de lo que no son... a veces pienso haber nacido en la época equivocada, que no he encontrado mi lugar, y es que hoy en día es muy difícil ser un chico normal.
Fdo.: Alberto